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Enjambres estelares y gigantes galácticos

Una noche limpia de nubes y libre de contaminación de luces artificiales ofrece espectáculos insuperables: nuestra galaxia desde su interior, patrones curiosos, muchas veces geométricos en grupos de estrellas, percibimos con más nitidez sus colores y las diferencias de brillo entre ellas, etcétera. Si tendemos una cobija en la hierba y nos acostamos para echar un vistazo notaremos algo curioso; es más, comprenderemos un poco a nuestros antepasados. Mirar justo al zenit, con la vista relajada nos da la sensación de estar dentro de una esfera hueca. Esa era, precisamente, la idea que muchas culturas antiguas tenían respecto al firmamento, al Universo.

Echar mano de un telescopio o binoculares nos abre las puertas a otro cielo: nebulosas de gas y polvo, galaxias como la nuestra y también diferentes, estrellas dobles, triples, grupos de estrellas, planetas, lunas y millares de cosas más. Pero los objetos astronómicos más impresionantes que he podido observar a través de un instrumento son los cúmulos globulares. Estos conglomerados esféricos de estrellas mantienen su forma gracias a la atracción gravitatoria de todas ellas. Son enormes enjambres de cientos de miles de astros. Su origen es aún tema de discusión, pero observaciones y modelos teóricos proponen que la gran mayoría de los globulares nacieron cuando el Universo era relativamente joven, entre 10 y 12 mil millones de años atrás el Big Bang ocurrió, aproximadamente, hace 13 mil 700 millones de años. Son objetos viejos, pero además, sobrevivientes de violentos enfrentamientos galácticos.

Cúmulo Globular M13 en la constelación de Hércules.


Cuando dos o más galaxias chocan, el resultado a largo plazo varios miles de millones de años será una galaxia más grande y elíptica. Conforme más galaxias se incorporan a la refriega, la principal gana masa y su tamaño aumenta. La fuerza de gravedad hace lo propio y cualquier otra galaxia en las cercanías sucumbirá a la fusión. Esta historia de unión forzada la podemos observar en sus distintas etapas por todo el Universo, en los llamados grupos o cúmulos de galaxias. La gran cosa aquí es que nuestros viejos conocidos, los cúmulos globulares, sobreviven muy bien a la fusión de galaxias y narran la crónica de los encontronazos pasados. Pero no solo eso, un nuevo estudio sugiere que podrían ayudarnos a entender mejor cómo está distribuida la escurridiza materia oscura, esa cosa hipotética que parece encontrarse en grandes cantidades por todo el Universo y esencialmente en los grupos galácticos y las galaxias individuales. 

Esta semana sale a la luz un artículo de investigación científica (entre los autores hay dos mexicanas del Centro de Radioastronomía y Astrofísica, UNAM) en el que se destaca el descubrimiento del mayor conjunto de cúmulos globulares incorporados en un grupo de galaxias. El lejano y gigante grupo galáctico Abell 1689 hospeda cerca de 160 mil enjambres estelares, una gran población si la comparamos con nuestra Vía Láctea que cuenta con alrededor de 150 solamente. La idea que podemos usar para entender este estudio es la de docenas de panales rodeados por miles de abejas, donde cada abeja representa un cúmulo globular formado por miles y miles de estrellas y los panales serían las galaxias individuales de Abell 1689. La imagen obtenida con el Telescopio Espacial Hubble tuvo una duración en la exposición de casi 21 horas totales y también marca un récord de tiempo para el filtro rojo de la cámara ACS/WFC del Hubble. 



Además de la impresionante cantidad de cúmulos globulares asociados al grupo de galaxias, los astrónomos encontraron que la distribución espacial de los enjambres estelares encaja muy bien con la distribución de la materia oscura. Esto es sumamente importante ya que, de confirmarse la correlación entre globulares y materia oscura, será posible, a partir de observaciones relativamente sencillas, trazar esta última en muchos otros grupos de galaxias o incluso galaxias individuales. 

Así que además de espectaculares objetos a la vista de los aficionados, los cúmulos globulares podrían ayudarnos a entender mejor esa materia invisible pero detectable por su interacción gravitacional con el gas y las estrellas que forman los gigantes grupos galácticos.