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La estrella ha muerto... ¡viva la supernova!

Por Vicente Hernández Hernández

Dos estrellas vecinas giran una con respecto a la otra, como una pareja en la mitad de la pista en uno de esos bailes de gala de principios del siglo pasado. Sin embargo, el fin de una de ellas esta cerca. Después de muchos miles de millones de años de convivir sin problemas, una comienza a crecer, incrementa varias decenas su tamaño mientras sus capas de gas caliente, distribuidas cual cebolla se desprenden lenta y esporádicamente. La estrella se hace gigante, una gigante roja destinada a perder mucha de su masa y probablemente morir por la falta de material que le permita seguir generando su energía con reacciones nucleares. El destino esta marcado, nada puede detener el escape de material. Mientras tanto, la compañera, la otra estrella, observa pasiva la fuga casi armoniosa de los mismos elementos que la componen.

La estrella esta muriendo y el gas expulsado forma una nube casi simétrica, muchas veces circular, otras un poco más caprichosa, pero siempre espectacular. Desde lejos, el fenómeno mortuorio no es tan dramático; de hecho es hermoso, impresionante y lleno de colores rojos, amarillos y verdes. La estrella muerta queda pequeña, blanca, pero brillante y con temperaturas en la superficie de por lo menos diez mil grados centígrados. La estrella ahora es una enana blanca y lo que una vez fue su cuerpo puede verse desde varios cientos de años luz como una nebula, una nebulosa planetaria. Su compañera, fue una simple espectadora que pronto entrará en escena. 

La progresiva perdida de material de la ahora enana blanca redujo poco a poco la separación con su compañera y sus encuentros ahora son más íntimos. Las mareas y los jalones gravitacionales en las capas externas de la espectadora se incrementan y en algunos casos llegan a tocar a la enana, arrebatándole masa a su compañera. Con el tiempo, el flujo de material es más regular y la enana gana plasma de elementos donados por la otra estrella que, increíblemente, le ayudaran a resurgir -literalmente- de sus cenizas. La enana se alimenta y se acerca a un punto crítico de unos 1.4 veces la masa del Sol[1], después del cual no puede soportar su propio peso y deja de tener condiciones físicas para mantener un equilibrio de presión y temperatura en su interior. Justo antes de alcanzar 1.4 masas solares, nuevamente genera reacciones nucleares en su centro, renace, y las fusiones de elementos como carbono y oxigeno producen cantidades increíbles de energía y temperaturas de miles de millones de grados centígrados en el centro. Solo unos segundos después de comenzadas las reacciones nucleares las condiciones de presión y temperatura para la enana blanca se hacen insostenibles; una explosión descomunal se genera inmediatamente: material viajando a miles de kilómetros por segundo (casi 6% de la velocidad de la luz), energía de nonillones de Joules (un 1 seguido por 44 ceros) y una luminosidad equivalente a miles de millones la del Sol. La estrella muerta, la enana blanca, regresa como uno de los más espectaculares y violentos eventos en el Universo, una supernova de las llamadas tipo Ia (uno a).

Imágenes de M101 donde aparece la supernova.
Recientemente, el pasado 22 de agosto, fue detectada una supernova tipo Ia en una galaxia "cercana" a nuestra Vía Láctea, a solo 21 millones de años luz, llamada M101, en la constelación de la Osa Mayor, en los alrededores del eje polar. La supernova, llamada PTF-11kly podría llega a ser visible con pequeños instrumentos como binoculares o telescopios de 10 cm. De hecho, muchos astrónomos aficionados ya han reportado la identificación de la explosión estelar en M101. Aun cuando se han encontrado muchas supernovas de este tipo en galaxias mucho más lejas, lo importante de esta última es su cercanía, que permite hacer mejores observaciones y ayudaran a entender mejor este tipo de feroces e increíblemente eventos.

Más información de la supernova PTF-11kly AQUI (en idioma inglés).

Notas:
[1] La masa del Sol es de casi 2 quitillones de kilogramos (un 2 seguido por 30 ceros).